Bonos convertibles: Es posible una solución

bonos convertibles

 

Entre los productos financieros comercializados a clientes minoristas de una forma inadecuada, hoy revisamos los bonos convertibles.


Los bonos convertibles son por definición activos financieros de renta fija, que tienen la particularidad de poder convertirse en acciones de una empresa. Dichas acciones se crean mediante una ampliación de capital, es decir, son acciones nuevas. Si la posibilidad de cambio fuese por acciones antiguas, hablaríamos en puridad de concepto de bonos canjeables.

La posibilidad de conversión en acciones permite a las empresas emisoras pagar un interés menor que se vería compensado con la posibilidad de un incremento del precio de las acciones.

Cuando la colocación se dirige al público en general, el emisor está obligado a emitir un folleto, en el cual se debe indicar los cupones (rendimientos) que se van a pagar y las condiciones de la conversión especialmente las fechas, cotización a la que se convierte, descuento sobre el precio de mercado, y muy especialmente si la conversión es obligatoria o voluntaria. En definitiva, los bonos convertibles acaban siendo un producto con una cierta complejidad, no apropiado para una gran parte de los clientes “de a pie”.

Las condiciones de la conversión pueden llegar a suponer un problema para el inversor, especialmente cuando la conversión es obligatoria y no se  dan las explicaciones adecuadas a clientes sin experiencia o conocimientos financieros.

Los bonos convertibles se colocan como renta fija y pueden finalmente convertirse en una “manzana envenenada”.

Entre los bonos convertibles colocados en España, destaca la emisión de bonos convertibles del Banco Popular de 2009. Se colocaron 700 millones de euros entre inversores particulares y en muchos casos no se informó de manera adecuada sobre los riesgos de los mismos.   A los suscriptores de estos bonos convertibles les quedan menos de dos meses para la conversión en acciones del Banco Popular el próximo 25 de noviembre de 2015  y las pérdidas podrían superar el 70% de la inversión.

Afortunadamente, a los clientes afectados por la compra de bonos convertibles que no recibieron una información adecuada y que carecían de un perfil de “experto financiero”, les queda la posibilidad de acudir a los tribunales para conseguir recuperar su dinero. Los tribunales están dando la razón a los que compraron bonos convertibles en estas circunstancias y como muestra de ello, la Sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid de 13 de mayo de 2015 que pasamos a comentar.

En dicho caso, el director de la sucursal del Banco Popular de Roquetas de Mar, llamó a los actores, ofreciéndoles unos bonos convertibles (bonos subordinados de canje obligatorio) por valor de 20.000 euros. Les entregó un tríptico y les dijo que había que esperar hasta 2013 para recuperar el capital. Pero no les indicó que podían perder parte del capital invertido.

En mayo de 2012, el director llamó a los clientes para explicarles los problemas del producto e indicarles por primera vez que no iban a recuperar sus ahorros. Los clientes aceptaron a regañadientes el canje por los bonos subordinados obligatoriamente convertibles.

A la vista de la imposibilidad de conseguir una solución a las pérdidas, los clientes demandaron al banco.

El Juzgado de Primera Instancia nº 84 de Madrid estimó la demanda contra el Banco Popular y declaró la nulidad de los bonos convertibles de la emisión 1/2009, condenando al banco a pagar 20.000 euros más el interés legal desde el 2 de octubre de 2009. Los demandantes tenían que restituir los rendimientos percibidos por los cupones de los bonos convertibles con sus intereses legales. En banco fue condenado al pago de las costas.

El banco interpuso recurso de apelación, alegando que no hubo asesoramiento sino que fue una mera comercialización.

Para la Audiencia Provincial de Madrid, el folleto de emisión de los bonos convertibles (bonos subordinados necesariamente canjeables) “contiene información parcial”.

El valor de las acciones para la conversión será el máximo entre el valor de la acción a 30 de junio de 2009 y el 110% del valor mayor entre la media de los cinco días hábiles posteriores al desembolso y la media de los 15 días anteriores a la misma. Es decir, los clientes ya arrancaban con una desventaja del 10% para empezar: Si las acciones no suben un mínimo del 10%, los clientes pierden dicho porcentaje, nada más comprar los bonos convertibles.

La Sala (citando la STS de 20 de enero de 2014), considera que la contratación de los bonos convertibles se hizo por iniciativa del director de la sucursal bancaria (que tampoco les ofreció en ese momento ninguna inversión alternativa). Por tanto, dicho comportamiento se califica como asesoramiento, lo cual implica la obligación de realizar el test de idoneidad. El test que se realizó no cumple los requisitos exigidos ni para el test de idoneidad, ni siquiera los mínimos necesarios para ser considerado como un el test de conveniencia.

Para la Audiencia, la conversión del año 2012 fue para evitar la pérdida que se habría producido al estar las acciones por debajo de su valor. Dicho canje no supone ninguna renuncia a las acciones legales que pudieran corresponder a los clientes.
Así que de ser nula la primera adquisición de bonos convertibles, debería ser también nula la siguiente por la doctrina de la propagación de los efectos de la nulidad recogida por la STS de 22 de diciembre de 2009.

Incluso continúa la Sala en su razonamiento, la suscripción de bonos convertibles de 2012, considerada aisladamente, tampoco cumple los requisitos legales, pues no se hizo test de idoneidad.

Es más, si el banco consideró en el año 2012 que el cliente no era idóneo para la contratación de los bonos convertibles, no por ello queda exonerado del deber de informarle adecuadamente sino que por el contrario, lo acentúa.

La falta del test adecuado lleva a la presunción de la existencia del error (STS de 20 de enero de 2014). Y en el caso, el demandante se dedicaba a la hostelería y la demandante no realizaba actividad remunerada. El hecho de que hubiesen invertido en otros productos financieros, no implica necesariamente que tuviesen conocimientos expertos, pues no consta que de ellos se hubiese informado adecuadamente.

En definitiva, se considera que no se informó adecuadamente sobre los bonos convertibles y que el tríptico “resulta claramente insuficiente para informar debidamente a los actores del contenido de los riesgos de la operación”. Además, la documentación se entregó en el mismo momento de la firma.

Y el hecho de que los clientes percibiesen los intereses sin formular queja, no supone una aceptación del producto ni les impide reclamar la nulidad de los bonos convertibles.

La Audiencia desestima el recurso del Banco Popular, y confirma la sentencia del Juzgado de Primera Instancia que declara la nulidad de los bonos convertibles, y condena en costas al banco.

Así que los afectados por los bonos convertibles a los que no se les informó adecuadamente y que no tienen un perfil de experto financiero, tienen la puerta abierta para conseguir una solución a su problema.

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