Simulación contractual

simulacion

 

Está a la orden del día la simulación contractual, mediante la cual, se enmascara mediante un negocio aparente, otro que realmente es el verdadero.

La simulación contractual consiste en la realización de una declaración de voluntad no veraz, de manera consciente y con acuerdo entre las partes, con el objetivo de producir, mediante engaño, la apariencia de que existe un negocio jurídico que en realidad no es real o que es distinto al que realmente se ha llevado a cabo.

Es decir, las partes se proponen un fin distinto del correspondiente a
la causa típica del negocio. Es una declaración de voluntad falsa realizada con acuerdo del destinatario. En la simulación contractual se produce un concierto para a producir la apariencia de un negocio que las partes no quieren en absoluto o bien lo quieren únicamente como medio para disfrazar aquel que efectivamente desean.

De ahí que en la doctrina se suela distinguir entre simulación absoluta y simulación relativa.

Simulación absoluta

En la simulación absoluta, la voluntad real es no celebrar negocio alguno. Se trata de una mera apariencia de negocio, que está vacía de contenido real. No se pretende encubrir otro negocio que las partes querían celebrar sino que no hay ningún acuerdo de voluntades detrás del negocio simulado. Existiendo en apariencia, carece totalmente de contenido real. Por ejemplo, la simulación de un préstamo para aumentar el pasivo del deudor y frustrar las expectativas de los acreedores.
Para el Tribunal Supremo (STS de 3 de noviembre de 2004)

“tiene lugar cuando las partes formalizan un contrato con el propósito de crear una apariencia de su existencia, pero sin voluntad de celebrarlo, de manera que la apariencia formal no se corresponde con la situación real. Se crea la apariencia de un contrato, pero, en verdad, no se desea que nazca y tenga vida jurídica.”

Simulación relativa

En la simulación relativa, no todo es ficción, sino que las partes, aparentan celebrar un negocio que realmente no tienen intención de realizar, para encubrir otro que es el que realmente persiguen. Constituye un supuesto de anomalía de causa. Se expresa una causa falsa cuando en realidad el resultado contractual querido y ocultado se basa en otra causa verdadera, suficiente y lícita (art. 1276 del C.Civil). Hay un negocio aparente (negocio simulado) para ocultar la voluntad verdadera de los que intervienen en el acto (negocio disimulado). De esta manera, los terceros de buena fe solamente perciben la existencia del “negocio simulado”, mientras que para los “simuladores”, solo existe el “negocio disimulado”.

Son ejemplos frecuentes de simulación relativa los contratos de compraventa que encubren verdaderas donaciones, o los contratos de arrendamiento de servicios que ocultan auténticas relaciones laborales.

Dentro de las simulaciones relativas podemos distinguir aquéllas en las que la simulación afecta solamente a algún elemento del negocio jurídico: en el negocio simulado se incluyen algunas cláusulas o contenidos que ocultan lo que realmente se quiere. En estas simulaciones relativas parciales hay dos especialidades que se dan con mucha frecuencia. La compraventa con precio simulado y la interposición de persona.

• Compraventa con precio simulado: Normalmente con objetivos defraudatorios fiscales o para justificar incrementos o disminuciones patrimoniales, se indica en el negocio simulado un precio, que realmente no se corresponde con el real.
• Testaferros: se interpone de manera ficticia una persona que realmente no es el titular de la relación jurídica. Normalmente se pretende eludir prohibiciones de contratación u ocultar patrimonios.

Efectos de la simulación absoluta

En la simulación absoluta, el efecto es que el negocio simulado nunca existió. Las partes no pueden ser obligadas al cumplimiento del contrato, y no es necesario siquiera un pronunciamiento judicial. En principio sería suficiente con ignorar el negocio inexistente. Solamente en determinados casos será necesaria la declaración judicial para destruir los efectos del negocio simulado, como pueda ser cancelar una inscripción registral o recuperar algún pago realizado.

Efectos de la simulación relativa

En ese caso, una vez descubierta la simulación, ya no se presume la existencia ni la licitud ni recae sobre el deudor la carga de probar su inexistencia (artículo 1277 C.Civil) sino que demostrada la simulación, ésta se presume absoluta y deberá probarse la existencia del negocio disimulado y que su causa es verdadera y lícita. (STS 29 diciembre 2011).
El que quiera hacer valer el “negocio disimulado” es quien deberá probar que realmente existió.

Generalmente, en los casos de simulación contractual, la mayor dificultad consiste en conseguir prueba suficiente de los extremos que se quieren probar, teniendo en cuenta la existencia del ánimo de ocultación por las partes.

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