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16 Claves del contrato de gestión de carteras de inversión

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La regulación del contrato de gestión discrecional e individualizada de carteras de inversión  tiene su importancia por cuanto su incumplimiento puede permitir solicitar ante los tribunales el resarcimiento de las pérdidas que se hubieran podido causar.

 

A este contrato, hace referencia el artículo 63.1.d de la LMV.

 

Se trata de un contrato que regula la gestión discrecional e individualizada por una entidad especializada de los valores, efectivo y otros instrumentos financieros del cliente, puestos a disposición de la empresa, así como de los rendimientos generados.   Se debe tener en cuenta la Circular 2/2000 de 30 de mayo de la CNMV, sobre modelos normalizados para este tipo de contrato y la orden 7-10-1999 sobre código general de conducta y normas de actuación en la gestión de carteras de inversión.

 

En el contrato se deben establecer los criterios que se van a aplicar a la gestión de esa cartera de valores.

 

Para clientes minoristas, se debe utilizar un “contrato tipo”  cuyo modelo-tipo actual es el aprobado mediante Circular 2/2000 de 30 de mayo.

 

Supletoriamente a lo previsto en el contrato y la legislación especial, se aplican las normas sobre la comisión y el depósito mercantil. Se excluye expresamente la aplicación del contrato de agencia.

 

En cuanto a la forma, el contrato se debe plasmar en un contrato-tipo (art. 5 OM 1665/2010), pero el uso de este “modelo” no permite evitar las obligaciones impuestas por la LMV y por la LGDCU (si el cliente es consumidor).

 

Se establecen las siguientes obligaciones para el agente:

 

  1. Registrar los activos financieros objeto del contrato.
  2. Informar previamente al cliente para la utilización de cuentas globales (cuentas ómnibus).
  3. Informar trimestralmente al cliente o mensualmente en caso de pérdidas o si el perfil del cliente es “arriesgado” o “muy arriesgado”.
  4. Proporcionar la información necesaria para las declaraciones fiscales.
  5. Informar al cliente si el valor de su cartera cae más de un 25% desde la última comunicación.
  6. Responder por los daños causados al cliente por incumplimiento de las obligaciones del contrato o por actuaciones dolosas o negligentes.
  7. Rendir cuentas cuando finaliza el contrato.

 

Por otra parte  el inversor tiene las siguientes obligaciones y derechos:

 

  1. Poner a disposición de la gestora los instrumentos financieros objeto de la cartera.
  2. Pagar las tarifas de gestión y gastos de intermediación.
  3. La gestión está limitada al patrimonio aportado más los créditos obtenidos por el cliente.
  4. Decidir el perfil de inversiones que prefiere: “conservador”, “moderado”, “arriesgado” o “muy arriesgado”. Ha de firmar al lado de la alternativa elegida y sólo puede elegir una de las alternativas.  Si falta la firma, se considerará que el perfil es conservador. Si aparecen firmas en varias casillas, la entidad debe considerar que es la opción de menor riesgo.
  5. Decidir si se utilizan derivados, que requiere expresa firma.
  6. Decidir el horizonte temporal de la inversión.
  7. Derecho a reservarse la autorización expresa para la realización de operaciones por importe superior al 25% de la cartera.
  8. Derecho a designar expresamente y mediante firma, el tipo de instrumentos financieros en el que se colocará su inversión. Si se deja en blanco, se considera renta fija.
  9. Derecho a retirar efectivo, limitar las facultades de gestión y dar las instrucciones que considere al gestor.

 

En resumen, la gestión de carteras de inversión tiene una estricta regulación.  Si no está satisfecho con los resultados de su gestor, existe la posibilidad de resarcirse de los daños, en caso de que se haya producido algún incumplimiento de la normativa.

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