Swaps: contratos de permuta financiera

Exchange or trade conceptual illustration

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Swaps: contratos de permuta financiera

 

 

Hoy inicio una serie de entradas sobre otro producto bancario   que ha generado gran cantidad de litigios  en los últimos años:

los Swaps: contratos de permuta financiera.

 

Aunque pueden utilizarse como un instrumento especulativo (de manera autónoma),  en los casos que han producido la mayoría de los conflictos se han firmado asociados a un préstamo, con la finalidad de limitar el riesgo de variación de los tipos de interés.

 

Hay multitud de  fórmulas, pero básicamente consisten es un contrato por el cual dos partes pactan, durante un período de tiempo preestablecido, hacerse pagos recíprocos de intereses, calculados sobre un tipo de referencia distinto para cada parte:  Se establecen dos límites:

 

  • Un límite superior al tipo de interés:   si se supera, el banco nos paga una cantidad. Nos protegemos de una subida de tipos.
  •  Un límite inferior al tipo de interés: si el tipo de referencia cae por debajo de ese límite, nosotros le pagamos al banco una cantidad. El cliente no se beneficia de una bajada de tipos, es más, se ve perjudicado por ello.

 

 

Para los bancos ha sido obligatorio ofrecer este producto al cliente a tenor de lo dispuesto en el  artículo 19 de la Ley 36/2003 de 11 de noviembre de Medidas de Reforma Económica: Se establece que los bancos deben informar a sus deudores hipotecarios con los que hubieran suscrito préstamos a tipo de interés variable acerca de los instrumentos, productos o sistemas de cobertura del riesgo de incremento del tipo de interés que tengas disponibles y el ofrecimiento de al menos uno de ellos a quienes soliciten ese tipo de préstamos.  Las características de dicho instrumento deben recogerse en las ofertas vinculantes y demás documentos informativos.

 

El problema viene por que lo que en principio se establece como una garantía para el deudor, se vuelve en su contra, por los motivos que veremos a continuación.

 

En primer lugar, se trata de un producto muy complejo, que  en muchas ocasiones se contrata sin acabar de entenderlo. 

En segundo lugar, a veces  se ha  explicado como si fuera un “seguro”, pero realmente no lo es. En un seguro, tu coste máximo es la prima. En un swap, si el tipo baja, puedes tener que verte obligado a pagar una cantidad considerable de dinero.

 

En tercer lugar, los bancos estaban en una posición mejor que el cliente para entender la futura evolución de los tipos de interés y por tanto, “jugaban con ventaja” respecto al cliente.

 

Por último,  los límites de techo y suelo que se establecían en ocasiones no eran proporcionales, si no que ofrecían una clara ventaja al banco. Por decirlo de otra forma, era más difícil tocar el techo que el suelo.

 

Hay numerosas sentencias que han dado la razón a los clientes frente a los bancos.

En próximos comentarios, seguiremos tratando los principales argumentos de defensa.

 

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 (Para un estudio con mayor profundidad sobre el tema, recomendamos el artículo “Los contratos de permuta financiera (swaps) de D. Rafael Juan Juan Sanjose, Magistrado de la Audiencia Provincial de Castellón, publicado por la editorial Tirant Lo Blanc)

 

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