¿Qué son los Actos de Engaño en Competencia Desleal?

competencia desleal

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se consideran actos de competencia desleal los actos de engaño tipificados por la LCD que sean aptos para inducir a error a los destinatarios y que incidan en su comportamiento económico.

 

La Ley de Competencia Desleal en su artículo 5 recoge lo que se consideran “actos de engaño”: cualquier conducta que contenga información que  (aun siendo veraz) pueda inducir a error a los destinatarios, incidiendo en su comportamiento económico, siempre que incida sobre alguno de los siguientes aspectos:

a)    Existencia o naturaleza del bien o servicio.

b)    Características principales del mismo.

c)     Asistencia postventa y reclamaciones.

d)    Compromisos del empresario o profesional, relación, o aprobación de los bienes o servicios.

e)    Precio.

f)      Necesidad de un servicio o pieza y modificación del precio inicial.

g)    Características del empresario o profesional como su identidad, conexiones, derechos o premios.

h)    Derechos o riesgos del consumidor.

Además, en el apartado 2º se indica que si el empresario o profesional indica que está vinculado por un código de conducta, el incumplimiento del mismo, se considera desleal, siempre que por una parte esto sea verificable, y además se distorsione el comportamiento económico de los destinatarios.

El objeto principal de estos llamados “Actos de engaño” es la publicidad engañosa. Su regulación a nivel comunitario se viene armonizando desde la Directiva 84/450/CEE, modificada posteriormente por la Directiva 2005/29/CE (para publicidad engañosa dirigida a consumidores) y por la directiva 2006/114/CE (para actuaciones entre empresarios).

En la Ley de Competencia Desleal, de forma general, se  recogen los actos de engaño en el artículo 5 y las omisiones engañosas en el artículo 7.  Posteriormente se tipifican las prácticas engañosas en los artículos 21 a 27.

Como hemos visto anteriormente, son tres los elementos necesarios para la consideración como acto de engaño: la tipificación en la ley,  la capacidad para inducir al error a los destinatarios y la capacidad para incidir en el comportamiento económico del destinatario.

Como ocurre generalmente en Derecho, el “caballo de batalla” radica en la prueba.  Es un tema “no pacífico”. En cualquier caso, hay que tener en cuenta que el artículo 217.4 de la LEC, prevé que corresponde al demandado la carga de la prueba de la exactitud y veracidad de las manifestaciones realizadas y de lo expresado en su publicidad.

Pero además, el artículo 12 de la Directiva 2005/20/CE faculta al juzgador a que, atendiendo a las circunstancias del caso, imponga la carga de la prueba tanto a emisor como a destinatario de la información.

No es necesario que efectivamente se produzca el engaño, sino que se considera que se incurre en el tipo si la información es suficiente para inducir al error.  Y esa suficiencia se modula en función de los destinatarios de esa información, no es lo mismo que una información se dirija a un consumidor medio, que a consumidores especialmente vulnerables, que a profesionales cualificados.

Por otro lado, si la publicidad es tan exagerada que no se toma en serio por los destinatarios y por tanto no altera su comportamiento, no se consideraría un “acto engañoso” sometido a la Ley de Competencia Desleal.

Consúltenos su caso pulsando aquí.

 

 

 

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