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¿Qué son “prácticas agresivas” en competencia desleal?

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Las “prácticas agresivas” pueden ser consideradas como competencia desleal y ser denunciadas ante los tribunales.

 

El concepto de prácticas agresivas se recoge en el artículo 8 de la LCD: Se consideran desleales los comportamientos que sean susceptibles de mermar de manera significativa, mediante acoso, coacción, incluido el uso de la fuerza, o influencia indebida, la libertad de elección o conducta del destinatario, afectando (o pudiendo afectar) a sus decisiones económicas.  La influencia indebida consiste en el uso de una posición de poder para ejercer presión (sin que sea necesaria ni la fuerza física ni la amenaza).

En el artículo 8 se indica que se deben tener en cuenta sus características y circunstancias y en el párrafo segundo detallan estos aspectos: Se debe tener en cuenta el momento y lugar en el que se produce, su naturaleza y su persistencia, el empleo del lenguaje o un comportamiento amenazador o insultante, la explotación de circunstancias que merman la capacidad de discernimiento del destinatario  y la obstaculización del empresario cuando la otra parte desee ejercitar sus derechos o la amenaza de acciones legales que realmente no pueden ejercerse.

Estas “prácticas agresivas” pueden darse tanto frente a consumidores como con empresarios o profesionales. En el caso de los consumidores, se debe tener en cuenta la regulación recogida el los artículos 28 a 31 de la LCD y que serán objeto de otra entrada (prácticas agresivas por coacción, por acoso, con relación a menores y otras practicas agresivas).

Las prácticas agresivas suponen una injerencia en la autonomía de la voluntad del cliente, que le llevan a adoptar una decisión, por el deseo de evitar una situación incómoda, embarazosa o peligrosa,  o a no ejercitar sus derechos para no sufrir el coste económico o personal  con el que se le amenaza.

Los elementos fundamentales para incurrir en las “prácticas agresivas” son:

1.- Un Comportamiento: Cualquier actividad realizada en el entorno del mercado con una finalidad concurrencial, incluyendo tanto las anteriores como las posteriores a la contratación. Este comportamiento  uso de alguno de los siguientes elementos.

2.- Acoso: Es la conducta que consiste en perseguir, importunar, apremiar o incomodar al destinatario como medio para conseguir influir en su decisión.  Por ejemplo, es acoso el intentar aprovechar las situaciones de infortunio de los clientes (haber sufrido una enfermedad o un accidente).

3.- Coacción:  Uso o amenaza de la fuerza o la violencia sea física o de cualquier otra clase, como la advertencia del uso de acciones legales que no pueden realmente ejercerse.  Incluye el uso de imágenes desagradables o alusiones a beneficios que no tengan nada que ver con el producto como pueda ser una finalidad altruista.

4.- Influencia indebida: Se ejerce una presión sobre el cliente, limitando su libertad de decisión por la existencia de una relación de poder o de preeminencia sobre el mismo (como pueda ser un contrato de trabajo, una relación personal  o el “sweepstake” –la entrega de un regalo de un concurso en el que el cliente no ha participado y cuya obtención requiere la contratación de determinado bien-).

En caso de no encajar perfectamente en el tenor del artículo 8,  siempre queda la posibilidad de considerar esos comportamientos como contrarios a la exigencia de la buena fe, de manera que por este concepto, se pueden denunciar ofertas molestas (envíos no solicitados, publicidad directa o ventas a domicilio), abusos de autoridad, explotación abusiva del ánimo de lucro) y otros.

La regulación de las “prácticas agresivas” en competencia desleal se completa con los artículos 28 a 31 que recogen lo que se considera “agresivo” en todo caso o circunstancia cuando se realizan por empresarios frente a consumidores, pero que serán objeto de otra entrada.

Consúltenos su caso pulsando aquí.

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